Hacia el ciudadano-camión

por Jesús Carlos Soto Morfín @negrosoto

Ciudad Para Todos

publicado originalmente en http://adqat.org/item/hacia-el-ciudadano-camion

 

Una de las cosas más universales en México es la mafia del transporte público que controla nuestras ciudades. En fechas recientes, han ocurrido aumentos significativos a las tarifas del transporte. Los dueños de las rutas de camión, por lo general, emplean mecanismos de chantaje para lograr dichos incrementos tarifarios, como son las amenazas de huelga para paralizar la ciudad. 

Sin un transporte público digno, eficiente y sustentable estamos a merced del perverso paradigma de la ciudad automóvil: explotadora, desparramada, inconexa, caótica, violenta y machista, donde reina la ley de la jungla. Encuestas de percepción metropolitanas demuestran que cada vez son más los ciudadanos dispuestos a dejar el auto en la cochera en caso de contar con un transporte público funcional y agradable. Por desgracia nuestros gobiernos no han podido darnos la solución que requieren ciudades de este siglo. La visión gubernamental permanece anclada a una perspectiva cromagnónica o dominada por los poderes privados.

En Jalisco diferentes grupos de la sociedad civil que tenemos muchos años trabajando para cambiar el paradigma de la movilidad en nuestro Estado, conformamos la Plataforma Metropolitana para la Sustentabilidad (PMS) que sirve para construir y comunicar puntos de acuerdo entre una red cada vez más amplia de actores.

Ante el inminente aumento de la tarifa del transporte público de 6 a 7 pesos mexicanos, en fechas pasadas emitimos un comunicado en el que rechazamos tajantemente dicho incremento hasta que no se cumplan los compromisos que han adquirido los transportistas desde hace años y hasta que se logren al menos los siguientes puntos:

Que se garantice el transbordo gratuito entre unidades, rutas y medios. Es decir, que con el pago de un viaje se libere la posibilidad de hacer cierto número de trasbordos o que por una cierta cantidad de tiempo sea posible migrar de una unidad a otra sin costo extra. Así, quienes más usan el transporte público pagan menos, que es como una forma de premiar una práctica sustentable y democrática en la ciudad. El salario mínimo en México es de alrededor de 60 pesos diarios, 4.50 dólares de los Estados unidos. Imagina lo que supone transportarse para ellos.

Que se establezca la misma tarifa en los diferentes sistemas de transporte público de la ciudad de manera que sea posible el uso de tecnologías de prepago comunes a todos los medios, que generen certeza en el manejo del dinero y garanticen posibilidades de interconectividad entre los diferentes transportes.

Que se haga público el Registro Estatal de Concesionarios, para que sepamos los nombres de quienes tienen en su control rutas de camión y podamos fincar responsabilidades por malos manejos de las mismas. Actualmente reina la opacidad y aunque sabemos que no son pocos los políticos en poder de muchas rutas, que tienen sus prestanombres y que hacen negociaciones políticas cada campaña para intercambiar votos por avenidas, no podemos contar con la evidencia de lo mismo porque no se garantiza el acceso a la información plena. Esta es una demanda radical demócrata, ya que no hay ni podrá haber nunca una democracia real que no garantice que quienes se organizan bajo tal regimen tengan la misma información en sus manos.

Otra exigencia es revocar concesiones a quienes incumplan con lo establecido en las leyes. Suena tan elemental que da pena pedirlo, pero así las cosas en nuestro Estado. La autoridad ya no es tal y se esconde tras los escritorios mientras que los abogados de las instituciones encuentran pretextos legales para no hacer lo que debe hacerse. Mientras tanto, los camiones no están afinados, ni limpios, no llegan a tiempo, ni cuentan con accesibilidad universal, etc.

Para garantizar que el transporte sea realmente público una demanda fundamental es que exista un mecanismo de acuerdo para establecer de manera plural el costo del mismo. Así, la PMS ha exigido democratizar la comisión de tarifas que actualmente está integrada por el Estado, los líderes transportistas (el famoso juego de ser juez y parte), una sola organización estudiantil y algunos gremios empresariales. No hay representatividad suficiente de todo el espectro social. Así, no pueden defenderse de manera amplia, los acuerdos que se generen.

Por último, una demanda esencial es (y ha sido por años) la transformación del esquema de contratación a choferes llamado Hombre-Camión por el de Ruta-Empresa, o cualquier otro que se quiera proponer pero que asegure que los choferes no serán explotados, ni remunerados en función del número de pasaje ni del tiempo de recorrido, lo que causa hollywoodezcas carreras en las calles, que ya han costado 1,000 vidas en 7 años, sino que se les pague bien, con prestaciones, seguro y buena capacitación, en función de los kilómetros recorridos. Nada más ajeno a lo que la sociedad civil organizada en este tema quiere lograr, que el asesinato de choferes a sangre fría y mano propia, ocurrido en el último año principalmente.

Los aliados fundamentales de los ciudadanos usuarios del transporte público son los choferes y con ellos queremos y buscaremos tener un diálogo profundo para que juntos paralicemos al “pulpo camionero” y no a la ciudad que todos necesitamos. Como ciudadanos podemos apropiarnos de las paradas de camión para comunicar mensajes sobre estas demandas y  hacer jornadas de resistencia de no subir al camión para presionar a los empresarios (para quienes sea posible existe la alternativa peatonal y ciclista) o pagar la tarifa con monedas de 10 centavos para fastidiar las bases administrativas.

Un acto de desobediencia civil para apoyar a los choferes consiste en regresarles el boleto de camión para que lo revendan y así ganen un extra, pero no sin antes decirles que estamos con ellos, que no queremos el aumento sin mejorar sus condiciones y las nuestras, que son nuestros hermanos de sangre urbana y que juntos podemos lograrlo, que nos cuiden. Que no se dejen chantajear y que demos unidos la batalla. La ciudad es nuestra, no de los ocultos intereses privados ni del pusilánime Estado.

Recomiendo el siguiente documental realizado por el colectivo Caracol Urbano que habla de las condiciones laborales de los choferes en Guadalajara (sin duda representativa de lo que ocurre en otras ciudades mexicanas): EL HOMBRE-CAMIÓN

Los camiones de transporte público en Guadalajara

¿Por qué tenemos un servicio tan deficiente por parte de los camiones de transporte público en el área metropolitana de Guadalajara? ¿Es culpa de los conductores? ¿De quienes administran las unidades (transportistas)?

Avance del documental EL HOMBRE-CAMIÓN. Realizado por Caracol urbano, investigación audiovisual en la calle.